Nos paramos a pensar en el significado de
empresa, significado algo escaso de explicación, sin saber todo lo que hay detrás
de ella. Bien, pues autores lo definen como “un conjunto de personas que,
utilizando medios y recursos de muy distinto tipo, van a realizar una serie de
actividades dirigidas a conseguir un objetivo común” (Pereda y Berrocal, 1999).
Estamos de acuerdo en que es un lugar donde
las personas trabajan conjuntamente,
dónde se producen una serie de productos para satisfacer las necesidades que la
sociedad demanda, pero, ¿qué son las organizaciones?
Debemos comprender que todas las empresas son
organizaciones, pero no todas las organizaciones son empresas.
Las organizaciones son actividades
coordinadas por una o más personas, y la cooperación entre ellas es esencial
para que exista organización, donde éstas sean capaces de comunicarse, que
estén dispuestas a actuar conjuntamente y obtener un objetivo común. Por otro
lado, las empresas son también organizaciones con fines de lucro, que tiene
como función principal la de generar una ganancia para los propietarios, pero
con unas características comunes y otras diferentes, como el tamaño, la estructura
o actividad de la misma.
Siendo así, estaría mal pensar que todos los
objetivos de la empresa se dirigen a obtener beneficios económicos, sin pensar
en los sociales, que tienen como fin mejorar tanto el bien de sus empleados, como
el de la sociedad en la que se encuentran.
La relación la podemos ver en que un
organismo como la empresa tiene vida. Y, ¿qué queremos decir con que tiene
vida? Pues que ellas nacen, se desarrollan, y mueren. Pensamos que la empresa
tiene la posibilidad de morir, si esta no se adapta a las demandas del
ambiente, que tiene como consecuencia la desaparición de la empresa propiamente
dicha. No solo hablamos de empresa de esta forma, sino que también es un
sistema abierto, y es así porque tiene ese objetivo común como organismo vivo. No es suficiente, ya que para que esto se lleve a cabo, hay que tener en
cuenta que dentro de la empresa las variables interactúen y se influyan
mutuamente entre sí, puesto que si algo variase, afectará al resto de la
composición de los trabajadores.
Pero no podemos continuar sin reflexionar en
los cambios que la empresa ha ido sufriendo, exigiendo coordinación de las
funciones, responsabilidades y tareas.
Las
empresas han cambiado…
A lo largo de la historia, las empresas con
una estructura clásica han adoptado una estructura empresarial por la
competencia.
Las empresas tiempo atrás tenían éxito, ya
que los puestos de trabajo se mantenían sin cambios, y la persona que realizaba
una función se mantenía en el puesto de trabajo sin más, haciendo todo el
tiempo las mismas tareas y utilizando las mismas herramientas durante los años
de vida laboral hasta llegar a la jubilación. También los mercados los mercados
presentaban las mismas necesidades y la
tecnología evolucionaba de una forma lenta. La empresa seguía una línea
burocrática, en la que cada uno de los trabajadores realizan una tarea asignada
con un tiempo determinado para emplearle a estas. Esto nos da lugar a pensar en
conocidas cadenas de montaje, en la que los trabajadores están limitados a
realizar unas tareas repetidas y simples, y con ciertas sanciones para el que
no las respete, es decir, toda la toma de decisiones, la resolución de
conflictos y la aplicación de sanciones era parte de un superior, por lo que el
trabajador presentaba esa escasez de autonomía para realizar cualquiera de
ellas.
Pero la sociedad nos hemos tenido que
acostumbrar a los cambios. Desde hace ya unos años, las empresas se han visto
obligadas a introducir cambios en sus
estructuras, sistemas de calidad y gestión en todos sus ámbitos, con una
situación de apertura de las fronteras internacionales, globalizando la
economía y aumentando la competencia internacional. Esto nos lleva a pensar en
que los puestos de trabajo ya no se mantienen estables, y una persona se ve
obligada a competir y realizar todos los trabajos posibles a lo largo de su
vida laboral, siendo imprescindible la polivalencia del trabajado. Los mercados también evolucionan por la
demanda de calidad de las personas, ya que se han visto obligadas a atender las exigencias de todos para mantener la
satisfacción de los clientes. Los clientes iban cambiando los hábitos de la
producción masiva, pero todo esto ha cambiado por los productos similares que
se encontraban en el mercado. Para compararse con el resto, optaron por
realizar productos de calidad, para acercar a las personas a ese producto antes
que al de su competencia. No obstante, la calidad dejó de ser suficiente para
diferenciarse, ya que muchas empresas obtenían los certificados ISO 9000, que
permite a la pequeña y mediana empresa situarse al nivel de las más grandes,
equiparándose en la eficiencia. Esto
daba la posibilidad de satisfacer a los clientes y acceder a acuerdos de
calidad concertado con ellos, así como beneficios en la gestión de la empresa (medio
para mantener y mejorar la eficacia de gestión de calidad y aumentar la
participación y motivación persona).
Otra de las causas es la
tecnología, que ha evolucionado y está llegando a ser utilizada por todos las
organizaciones. La globalización de las empresas que hace que aumente
considerablemente la competencia, por lo que deben hacer una mejora de los
productos en constante innovación. Las empresas deben adoptar niveles más
flexibles y dejar a un lado los escalones jerárquicos. Como hemos dicho antes,
y reflexionando sobre la evolución de las empresas, también entendemos que lo
que hace diferente a una empresa competitiva de las no competitivas son las
personas. Las personas son las que innovan, quienes deciden inversiones y
quienes manejan la tecnología que se nos ofrece.
Optar por estructuras flexibles
ha llevado a cambiar los papeles. Se ha
intentado establecer líneas estratégicas de competencia e integrar al conjunto
de la empresa, porque somos persona y porque es importante sentar la base como
un conjunto que busca un fin común. Las supervisiones no son directas, sino que
ahora participa la coordinación horizontal de las unidades funcionales. Y aquí
entra la demanda de polivalencia por parte de los trabajadores, buscando
aumentar la autonomía. La autonomía permite mantener ese contacto con el
cliente, influyendo en la detección de cambios que se producen o se pueden
producir en adelante. Es por ello, por lo que el recurso principal son las
personas y la formación, manteniendo así, tanto las personas su competencia,
como la empresa su competitividad.
En general, las empresas pueden parecer
iguales, pero cada empresa tiene su particularidad y la forma de organizar sus
valores, normas y formas de pensar. Cada empresa tiene su propia cultura
empresarial. Y, ¿Qué es la cultura de empresa? Pues bien, si la organización
debe asumir cambios de
una forma flexible y adaptarse a los cambios, nos encontramos con que los
valores culturales compartidos entre los miembros se caracterizan por la
estabilidad. Es por esto por lo que el desarrollo constante de una cultura que
permita adaptarse a fin de introducir las nuevas ideas y métodos en la gestión.
Es necesario preparar las mentalidades
individuales y estructurar las organizaciones con el fin de que dispongan de la
capacidad suficiente para captar a alta velocidad los nuevos valores que han de
conformar la cultura empresarial y el rechazo de aquellos que ya no son válidos
para dotar de movilidad a la organización, por lo que la cultura empresarial ha
de ser acorde a los cambios acontecidos en el seno de una organización.
¿ESTRATEGIAS?
Hasta ahora, no hemos mencionado la forma en la que la
formación se hace imprescindible para responder a estas necesidades de demanda
de la empresa, ya que se convierte en una estrategia que permite aprovechar los
recursos humanos para mantener la ventaja competitiva que la diferencia del
mercado, potenciando así las competencias individuales de los trabajadores, puesto
que tienen intereses comunes como son la empleabilidad y mejora de competencias
profesionales. La formación también tiene limitaciones, como la preparación
pedagógica de los profesionales, ya que existen carencias. No obstante, se
debería velar por una preparación pedagógica de los profesionales de formación
y crear mecanismo para que incentiven a los trabajadores a participar en la
planificación y unos sistemas de evaluación más rigurosos.
Un aspecto que no se debe olvidar es que la formación
profesional debe aparecer en la vida de una persona para cualquier aspecto, ya
que atiende a las necesidades que se tengan en ese momento. Pero se debe hacer
la formación desde un continuo, para capacitar a las personas a desenvolverse
en el puesto de trabajo que vayan a desempeñar en el futuro.